Turismo Castilla y León

Una visita al Castillo de Miranda de Ebro

Comarca: Desfiladeros del Ebro

Miranda de Ebro

El Castillo de Miranda de Ebro ha sido testigo, y protagonista en ocasiones, de la azarosa historia de la villa desde finales del siglo XV.

Hemos de retroceder a mediados de esta centuria para descubrir al Conde de Salinas, Pedro Sarmiento, en su empeño por fortificar la primitiva iglesia de Santa María de Altamira, asentada en el cerro de La Picota, con la intención de contar con una atalaya bien protegida que le permitiera controlar el paso de mercancías a través del Ebro y, muy especialmente, el lucrativo comercio de la sal.

Castillo de Miranda de Ebro
Castillo Miranda de Ebro

Frustrado su plan por el poder real, será su hijo Diego quien reubique el templo en la parte baja de la villa y construya el castillo originario, concluido hacia 1480. Durante décadas, se sucedieron los abusos y demostraciones de rapiña del Conde, quien no dudaba en forzar, mediante castigos ejemplares, la colaboración del vecindario en su proyecto.

Tres siglos después, en 1772, pasaría a propiedad de la Corona, al ganar ésta un memorable pleito al Duque de Híjar, emparentado con los fundadores de la fortaleza, quien no dudó en esgrimir un presunto privilegio real burdamente falsificado.

Abandonadas sus funciones militares, el deterioro de la edificación se acelera: su recinto cobijará pronto la corraliza comunal.

Recupera su función bélica al albergar entre 1808 y 1813 a las tropas francesas, enfrascadas en la Guerra de la Independencia, que adaptaron su interior para almacenar armamento y suministros. El Trienio Liberal y las Guerras Carlistas subrayarían de nuevo su valor militar.

Sacado a subasta en 1897 por el Estado, fue adquirido por el Ayuntamiento. En 1903, su estado de ruina era tal que se procedió a su demolición parcial. Diez años más tarde, se levantaban sobre su solar los depósitos de agua para abastecimiento de la población.

Durante décadas, las huellas de aquel elemento nuclear de la historia mirandesa permanecieron cubiertas en buena parte por taludes y derrumbes.

Su reciente restauración supone el reencuentro de la ciudad con su pasado. Historiadores, arqueólogos y técnicos han colaborado en la empresa, cofinanciada por fondos europeos y municipales, rescatando del abandono un reducto que había sido declarado Bien de Interés Cultural en 1949.

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