El Diablo Grande de Sarracín de Aliste

El Diablo Grande de Sarracín de Aliste

Sarracín de Aliste - Zamora

01/01/2017

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Los Diablos vuelven a ser el centro de atención en Sarracín de Aliste, que también celebra sus mascaradas el 1 de enero.

Estos personajes visten de negro y van provistos de caretas de corcho, tenazas, cencerros y varas, aunque en la fiesta participan una docena de personajes, lo que incluye a la Filandorra, el Rullón, el Ciego, el Molacillo, la Madama y el Galán, más dos Pobres del Saco.

Como en casi todas las Obisparras alistanas, se comienza cuando están saliendo de Misa los vecinos. En ese momento aparecen aullando y saltando el Diablo Grande y el Chiquito, atacándoles con sus tenazas articuladas y con su pica con cuernos respectivamente, provocando que algunos retrocedan al templo.

A continuación llegan la Filandorra, con el Niño (un muñeco) en brazos y su supuesto hermano Rullón, bien cargados de ceniza, que pronto queda como huella de su paso en las ropas de los feligreses. Pasado este primer trance, vienen con aire festivo y algunos arrumacos licenciosos el Galán y la Madama, provocando las primeras sonrisas. Detrás les siguen los dos músicos (gaitero o dulzainero y tamborilero) y los dos del Saco, avisando a los vecinos que vayan preparando el aguinaldo. Cierran el cortejo, cosa extraña dentro de las obisparras, el Ciego y Molacillo, su lazarillo, con las consiguientes bromas de lanzar al primero por donde hay agua, baches o contra la pared, divirtiendo a los vecinos.

En la plaza de la Fuente es el momento en que de forma arrolladora llegan los Diablos y empiezan a atacar al Ciego, que cae al suelo malherido, sin que Molacillo pueda ayudarle mucho frente a las tenazas y pica de los Diablos; será, al final, el propio Ciego, quien esgrimiendo una cruz consiga alejarlos. Poco resuello le queda al Ciego, a quien no consiguen levantar los cuidados que le da Molacillo; sólo la presencia de alguna buena moza le hará saltar del suelo para arrimarse a ella. Es la primera 'embestida', denominación popular con que se conocen las peleas.

A continuación comienza la petición del aguinaldo por todo el pueblo. Las persecuciones a vecinos y visitantes, que incluyen el encenizamiento de las caras, se mezclan con el recitado de coplas pícaras, normalmente asociadas a la actualidad del pueblo.

También se celebra una escena que finaliza con la muerte del Niño por parte del Diablo Grande, con el consiguiente llanto y enterramiento.

Concluida la representación, todo el pueblo se reúne y comparte una merienda alrededor de la hoguera, mientras suena la música tradicional.