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Santa María del Azogue - Benavente

Comarca: Benavente y los Valles

Benavente

Situada en el centro de la ciudad, la Iglesia de Santa María del Azogue, se erige como el principal monumento artístico de Benavente. El inicio de su construcción tuvo lugar en el reinado de Fernando II, pero tras un paréntesis volvieron a reanudarse las obras, ya en estilo gótico, en el reinado de Sancho IV, finalizándose las mismas en el primer tercio del siglo XVI.

A lo dicho se adapta bien el edificio, a la primera etapa constructiva corresponden los proporcionados cinco ábsides escalonados con tramos presbiteriales rectos, el monumental crucero con dos portadas y el perímetro exterior a escasa altura, levantado todo a partir de 1180.

Un siglo después, en época de Sancho IV, se continuó la fábrica sustituyendo la primitiva pizarra silícea por una toba caliza muy basta; entonces se concluyó el crucero y algunos pilares de las naves. Finalmente la tercera y última etapa constructiva con la que se acabó de configurar el edificio tuvo lugar en el siglo XVI; en 1735 se reformó la portada occidental por Valentín Antonio de Mazarrasa bajo proyecto de Francisco Ladrón de Guevara.

Con dicha cronología es normal que su interior alterne distintos tipos de cubiertas; los ábsides se techan con las consabidas bóvedas de horno; los tramos presbiteriales alternan bóvedas de cañón los extremos y de ojivas muy capialzadas los tres centrales; las cubiertas del crucero, cien años más modernas, se resolvieron con cañón apuntado en los tramos extremos y con ojivas los otros cuatro; las naves voltean complicadas bóvedas de crucería, pero con adornos renacentistas, volteadas ya a comienzos del siglo XVI. Algo más tardía es la construcción de la sacristía, techada con bóveda de cañón y adosada a la nave del evangelio.

Similar variedad se produce asimismo en el tipo de apoyos: pilares cruciformes con columnas adosadas en la parte primitiva, algunas adornadas con líneas en zig-zag y bolas, labores que también aparecen en algún arco; son ochavadas las de los últimos tramos de las naves.

Los capiteles interiores no interesan mucho, pues se solucionaron con tan sólo motivos vegetales. Al exterior los ábsides rematan con aleros con arquillos, algunos trebolados, sostenidos por modillones, adornados unos con cabezas de hombres y animales y otros con flores o con rollos.

El central queda dividido en tres paños por esbeltas semicolumnas con capiteles vegetales, que enmarcan las tres ventanas allí abiertas, resueltas con arcos semicirculares, de muy escasa luz, sobre columnas pareadas también con capiteles de hojas; los huecos de los absidiolos son similares, si bien con una sola columna por jamba.

Los cinco semicírculos quedan ceñidos por molduras. Los vanos del crucero son ya apuntados, pero sin ningún primor. Adosada al costado de la epístola del brazo del crucero está la capilla del Cristo Marino, que se levantaría poco después de haberse proyectado el conjunto.

Haciendo abstracción de la portada occidental, interesan por supuesto las abiertas en los hastiales sur y norte, que todavía conservan restos de su policromía. La última tiene cuatro arquivoltas rematada con hojas de col o palmera que descargan sobre tres pares de columnas y jambas, adornadas éstas con los leones y los capiteles de aquéllas con elementos vegetales, aves y dragones.

Sobre ella se erigió la torre, rematada también con arquillos trebolados; se la dotó de ventanas apuntadas creciendo en luz y número a medida que se asciende.

En cuanto a calidad artística destaca la portada meridional del crucero también con tres arquivoltas decoradas con lóbulos, flores y figuras, como el rostro de Cristo, símbolos de los evangelistas, mujer desnuda, etc.; añade tímpano con cordero místico entre cuatro ángeles turiferarios; las seis columnas, tres por lado, rematan con capiteles vegetales.

Resulta deudora en detalles concretos de la Colegiata de San Isidoro de León. La portada del primer tramo de la nave de la epístola es más sencilla que las descritas; tiene cinco arcos semicirculares y un tímpano, decorado éste con un árbol.

En el interior de la iglesia se encuentran diversos retablos y obras escultóricas de gran valor, algunos de ellos pertenecen a las iglesias benaventanas que han desaparecido. Destaca una Virgen con el Niño, de talla románica, y sobre todo, el conjunto de la Anunciación, realizado en piedra policromada, probablemente en el siglo XIII.

El grupo escultórico se encuentra en un perfecto estado de conservación. Dichas imágenes se encuentran colocadas en el crucero, en los dos pilares centrales. En uno de los pilares aparece el arcángel San Gabriel que está anunciando a la Virgen la ‘Buena Nueva’.

En el ábside central se localiza una escultura del Padre Eterno y un magnifico calvario gótico. En las pinturas de las bóvedas encontramos símbolos zodiacales.

Declarado Bien de Interés Cultural el 03/06/1931

Dirección General de Patrimonio Cultural
Autor: José Ramón Nieto González

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