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Iglesia Románica de San Claudio de Olivares - Zamora

Comarca: Tierra del Pan - Campos

Zamora Capital

La Iglesia de San Claudio, en la ciudad de Zamora, se encuentra junto a la orilla derecha del Duero, en el barrio de Olivares, lugar donde radicaban las aceñas, alguna de las cuales ya se cita en el año 945.

La primeras menciones al templo arrancan en el año de 1172 con motivo de una compraventa y en 1176, año en el que se registra su sacristán, y a ese siglo pertenece su fábrica.

Iglesia de San Claudio Zamora

Planta de una nave irregular con cubierta moderna de madera que finaliza en una capilla mayor, algo más estrecha, con un tramo presbiterial, con bóveda de medio cañón dividida por un arco fajón sobre ménsulas con figuras humanas. 

El ábside con la obligada cubierta de horno e imposta ajedrezada, prolongada también en la parte recta, enmarcando las tres ventanas que, al exterior, son auténticas saeteras que en principio iban a quedar separadas por columnas de las que sólo existen las basas lisas y una en un lado del ábside.

Por dentro, el tramo presbiterial se anima con arquerías ciegas abiertas en los dos costados sobre columnas, las mediales pareadas, con capiteles historiados. 

Toda la capilla mayor luce interesantes capiteles que representan un felino con racimos de uvas en su boca; dos águilas con cabezas humanas y dos leones con las suyas unidas; cabeza de mujer entre hojas; dos centauros alanceándose, con dragón alado y cabeza humana y sirena; Sansón sobre el león desgarrándole la boca y a los laterales águilas con las alas extendidas y dos grifos con una copa en medio, además del alguno vegetal.

Gómez Moreno los juzga influenciados por la escuela leonesa y con similitudes en Frómista y Santillana. Al exterior es preciso señalar la rica serie de canecillos que, junto con los del muro meridional, lucen modillones, hombres en actitudes diversas.

Esta parte sería fruto de una primera campaña constructiva, tras la que se levantaría la nave. Las muestras escultóricas señaladas empalidecen ante la portada septentrional que, aunque en mal estado, sigue siendo una joya iconográfica de la estatuaria románica zamorana; reparte sus figuritas en las tres arquivoltas semicirculares que apean sobre tres pares de columnas de fustes en origen variados, hoy rehechos, y capiteles de hojas y animales, muy perdido todo. 

La primera arquivolta, de fuera adentro, figuran cuadrúpedos, aves, dragón, titiritero, felino, cabeza humana... ; la segunda se adorna con grandes hojas, pero la tercera se engalana con un menologio entre dos figuras de leones, en el que aparece cuadrúpedo, hombres descabezados, otros encorvados, jinete con pájaro, hombre con tonel... y el arco de ingreso con un agnus dei, con lo que se indican tres niveles: el celestial, -cordero-, el terrenal -calendario- y el infernal -animales-.

La puerta conserva aún alguazas (goznes) románicas. La portada queda cobijada por un tejaroz con canecillos de cabezas humanas, que se encuentran también en otras partes del edificio.

A comienzos del siglo XX el templo se derrumbó parcialmente por lo que en 1909 Joaquín de de Vargas presentó un proyecto de restauración para reparar la caída de parte del muro meridional, la cabecera desplomada y las bóvedas medio arruinadas. Se volvió a intervenir al menos en 1984.

Declarado Bien de Interés Cultural el 03/06/1931

Dirección General de Patrimonio Cultural
Autor: José Ramón Nieto González

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