Turismo Castilla y León

Aventuras, venturas y desventuras de un cazador a rabo

Olmedo - Rábano - Torre de Peñafiel - Peñafiel - Quintanilla de Onésimo - Villafuerte - Renedo de Esgueva - Boecillo - Puente Duero - Villanueva de Duero - La Mudarra - Castromonte

Delibes escribió:

"Al comenzar a redactar esta agenda de caza hice un curioso descubrimiento: nunca, aunque coincidan los protagonistas y el escenario, las situaciones y el clima, hay una cacería igual a otra; cada excursión está individualizada por un repertorio de factores y matices imposibles de definir a priori . El anecdotario de mis modestas cacerías a lo largo de tres años es lo que he intentado apresar en este libro, cuyo título ya sugiere que la caza encierra también sus contrariedades o, si se prefiere, que ni aun para el cazador todo el monte es orégano."

Este libro de título tan largo lo publicó Delibes con la editorial Destino en 1977.

Es el libro de caza anterior a Las perdices del domingo. Se trata de un diario cinegético en el que el escritor cuenta sus salidas al campo en pos de las perdices de Quintanilla y Boecillo, los faisanes de Peñafiel o los raposos de Olmedo entre los años 1971 y 1974. A partir de sus pequeños cuadernos de caza en los que anotaba con meticulosidad qué, dónde y con quién había cazado cada domingo, surge este libro en el que Delibes también describe las distintas elevaciones del terreno de la provincia de Valladolid.

La ruta que proponemos transcurre desde Olmedo hasta Peñafiel y, bordeando el Esgueva y el Duero, finaliza en Castromonte, ya cerca de Medina de Rioseco.

Olmedo La historia cubre con siete velos de niebla a Olmedo:

'El Ulmetum de leyenda, la tierra de olmos de los vacceos. El velo flamea como estandarte moro, conquistando Olmedo y dejando una herencia mozárabe. Sutil velo sobre la Soterraña, la patrona hallada en una pequeña cripta, junto a un pozo. Si lo retiramos vemos a Pedro I el Cruel, alojado con María de Padilla tras las murallas de la villa. Olmedo como corte del breve Alfonso XII, el Inocente, hermano de la futura reina Isabel. Velo de niebla histórica y artística: Olmedo es la cuna del famoso Caballero, personaje inmortal de Lope. Y en la Villa de los Siete Sietes: la Olmedo moderna de museos, representaciones teatrales, conciertos, tradiciones, hospitalidad.' Leer cita»

CITA: OLMEDO

"(...) es raro que transcurra un invierno sin asomarse, al menos una vez, al término de Olmedo, una extensa mancha de pinares entreverada de carrascas y labrantíos. (...) el pinatar desemboca en un campo abierto de un lado, mientras de otro lo hace a un barbecho que antecede a una cerviguera muy prieta de carrascas."

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Rábano Rábano es hijo del Duratón y en su ribera lo celebra con sauces centenarios que dominan un delicioso parque. En mitad del pueblo, el puente –la tradición otorga más de mil años a algunas de sus vigas– cruza sobre el río ora tranquilo, ora potente, amigo de acodarse en playas de arena fina junto a las que chapotean las carpas.

En las afueras, la senda se recorta ascendiendo el cerro pelado, en busca del Pico del Otero.
Desde allá arriba, sólo roca y arbustos alrededor de una cruz, la vista se recrea en el verdor del valle, tierra acogedora de grano y magnífica uva. Leer cita»

CITA: RÁBANO

"Otro problema es la disposición de los cotos de Rábano y Torre de Peñafiel, cinegéticamente absurda, ya que el páramo de Torre desemboca en la ladera de Rábano y si los de Rábano no pueden sacar las perdices de nuestros altos, su mano por la ladera resultará estéril, mientras que nosotros difícilmente podremos meter mano a las perdices del páramo sin matadero adonde llevarlas."

Torre de Peñafiel La vieja Torre de las Aldegüelas buena torre es porque desde allá arriba, acostada en la ladera, sigue vigilando el paso del Duratón a través del valle. Al río sólo se le intuye, tal es el fragor vegetal que medra en sus orillas (chopos altivos, fresnos generosos y prados que presumen de amarillo cereal o verde y rojiza vid).

Parte de la uva del lugar reposa meses después bajo tierra, en las numerosas bodegas que asoman sus bocas e invitan a buscar quién las abra. Galerías abiertas en roca que, en la superficie presume piedra sobre piedra de una recoleta iglesia donde algunas paredes están pintadas y un arco de ladrillo desafía con su roja arcilla a la roca madre. Leer cita»

CITA: TORRE DE PEÑAFIEL

Con la temporada estrenamos coto: Torre de Peñafiel, un rinconcito de 860 hectáreas entre los términos de Rábano, Laguna y Canalejas, lugar adusto, con laderones muy pinos, desnudos en su mayor parte y un piso de greda y guijo que hace arriesgada su andadura. Arriba está el páramo, muy abierto, sembrado de cereal y para tirar las perdices hay que echarlas antes abajo, a las cuestas o, al menos, empujarlas a las cinchas de espinos y tomillos que ciñen los tesos de la parte de Canalejas (…)

Peñafiel La Peña más fiel de Castilla (así la nombró Sancho García hace mil años) vio crecer en su falda una villa repleta de edificios nobles, palacios, iglesias, monasterios… A Peñafiel la riegan por tres costados un arroyo, el Botijas, un ancho afluente, el Duratón, y el gran padre Duero. Y, sin embargo, su cerro es pelado, desnudo, áspero, ideal para erigir sobre su roca madre las piedras de un castillo milenario, uno de los más bellos de Europa. Albergue antaño de nobles luchadores de la raya –aquí se marcaba el límite entre cristianos y andalusíes–, hoy lo es del Museo del Vino, compendio de la más famosa Ribera del mundo. Bajo sus cimientos, el cerro horadado guarda cientos de metros de galerías donde antaño serenaba el mosto haciéndose vino.

En Peñafiel se callejea junto a los restos de la muralla, bajo portadas y escudos, alrededor del imponente Convento de San Pablo, dentro del Corro cuadrado donde se ha jaleado la fiereza de los toros desde hace más de cinco siglos.

A Peñafiel se llega desde la vega fértil, inmersos en el cambio de color de las vides de otoño o el madurar de la espiga verde. Se llega y, como los vacceos hace dos mil años, ya no se quiere marchar. Leer cita»

CITA: PEÑAFIEL

"Faisanes en Peñafiel (20 de enero 1974) Por eso cuando Jaime Royo Villanova me invitó el viernes a tirar unos faisanes en Peñafiel, acepté gustoso por más que no cesara de preguntarme qué pintarían estos pájaros en una tierras tan ásperas y desabrigadas como las de D. Juan Manuel. Jaime me aclaró este punto al advertirme que se trataba de una cacería a la americana, esto es, preparada, ya que de víspera se distribuirían entre los robles y enebros de las laderas de Laguna de Contreras –vecinas del coto de Torre, que la cuadrilla abandonó el año pasado- los faisanes que habíamos de tirar el domingo."

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Quintanilla de Onésimo La inquieta Quintanilla ha movido sitio, nombre y enseres a lo largo de la Historia. Nació como quinta romana y mudó hacia el río, buscando agua cercana y mejor defensa en una tierra de paso de soldados entre norte y sur.

Mudó el nombre: de la Quintanilla de Yuso, a la del Duero; luego, a la de Abajo (hay vecina una Quintanilla de Arriba) y, con la historia reciente, a la de Onésimo. El puente de los Católicos Reyes aún enlaza con Olivares, en la otra orilla. Sobre él han cruzado pellejos, tinajas, frascas, damajuanas y botellas de uno de los mejores vinos del mundo, crecido junto a mieses que bailan al viento para dar harina blanca y fina, promesa de tierna hogaza.

Hubo tren que enlazaba con la ciudad - Delibes lo usó de niño y adulto-, del que sólo queda el recuerdo de una estación fantasma, con el esqueleto del viejo reloj y árboles y matojos hechos señores de andenes y vías. Aquí hay silencio, memoria, desolación y recuerdos. Volvamos al río: el generoso Duero lleva doscientos años cediendo parte del agua al Canal que dio de beber medio siglo a la capital y hoy riega campos de uva y espiga. A su vera transcurre una hermosa senda arropada por sauces y chopos.

Hoy no podría llegar Delibes en tren, pero Quintanilla continúa invitando a caminarla, siguiendo al Padre Duero por la cuna del vino y las sendas del agua. Leer cita»

CITA: QUINTANILLA DE ONÉSIMO

"Con un fuelle resistente y unas piernas elásticas, hace diez años en estas diabólicas laderas podían conseguirse perchas de gala. (Quintanilla de Onésimo)"

Villafuerte Velosillo se convierte en Villafuerte cuando su señor Garci Franco erige el Castillo. Todo señor necesita una fortaleza en esos tiempos revueltos. Garci Franco participa en las intrigas del Marqués de Villena para derrocar a Enrique IV.

El señor de Velosillo abusa de la magra economía de sus campesinos para levantar el castillo. Con la torre aún en obras hace cambiar el nombre del lugar por uno más imponente, Villafuerte.

El castillo es escenario de actividades culturales. Su silueta recortada en el otero pudo servir a Delibes como referencia cuando caminaba por las laderas de Villafuerte esperando ver cruzar un bando de perdices o un ave solitaria. Leer cita»

CITA: VILLAFUERTE

"Todavía con el cansancio de la jornada de la Virgen en las piernas nos asomamos a Villafuerte (...) Estos páramos y laderas del Valle del Esgueva fueron frecuentados por nosotros en una época en que las escopetas no eran muchas y lo libre era todavía campo rentable."

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Renedo de Esgueva El “lugar de las ranas” se extendía en aguazales y lagunajos que el Esgueva se encargaba de rellenar con sus crecidas. El valle fértil acogió pobladores desde la Edad del Hierro. La historia siempre se ha detenido en Renedo para disfrutar de sus campos y su río: villas romanas, caserío visigodo y medieval, probable punta de lanza andalusí, nueva colonia fronteriza cristiana... Y siempre con las labores del vino y la molienda de la harina dando quehacer a sus pobladores.

En tiempos más cercanos, los Power dirigieron fábricas de harina y yute y levantaron una impresionante mansión con un exuberante jardín. Los restos de aquella riqueza albergan hoy el Valle de los 6 Sentidos y la orilla del Esgueva se allana en la Senda Verde. Imaginación y vida natural para recrearse en Renedo. Leer cita»

CITA: RENEDO DE ESGUEVA

"O bien, la emocionante escena que viví en los páramos inmensos de Renedo de Esgueva en 1954. La irrupción de una picaza en la pestaña de la ladera me indujo a ocultarme tras un majano próximo (nunca sentí la menor simpatía por los córvidos), pero mi asombro se transformó en perplejidad al ver aparecer tras la marica la soberbia cabeza de un raposo macho.

Boecillo A Boecillo se viene, hoy, por su modernidad, con el complejo empresarial donde la tierra se confunde con el mundo virtual y el espacio. Se viene a sentir el cosquilleo del juego en el Casino, edificio nobiliario donde la arquitectura se adorna con jardines multicolores.

A Boecillo se acercan quienes disfrutan a lomos de la motocicleta, serpenteando desde la capital entre carreteras flanqueadas por pinares. Y, si gustan del pedaleo, como el maestro, aún Boecillo les reta con unos repechos dignos de poner a prueba al ciclista. Leer cita»

CITA: BOECILLO

"(...) tres perdices llegué a derribar de un tiro en Boecillo hace muchos años una mañana de vendaval, anécdota que atribuyo a Lorenzo, protagonista de Diario de un cazador."

Puente Duero Hoy barrio de la capital, hasta 1960 fue municipio con alcaldía. Su esplendor siempre ha estado ligado al puente que vuela sobre el Duero, alto, imponente y, sin embargo, angosto, con apartaderos en su recorrido y con pendiente a ambos lados, que culmina en el centro. El viejo puente medieval cayó bajo la pólvora francesa y el sustituto, el actual, soportó tráfico de vehículos hasta el atragantamiento, que se resolvió con la moderna circunvalación.

Así, puente y caserío son hoy plácidos y ordenados lugares en los que pasear, pausados, sobre el ancho margen del río camino del cercano Pinar de Antequera, hábitat invernal de los motorizados “pingüinos”. Leer cita»

CITA: PUENTE DUERO

En El Montico, en Puente Duero, mi hijo Miguel, todavía un niño, disparó los dos tubos de su escopeta sobre un raposo, pero la pieza la cobró Félix, el guarda, al día siguiente, a doscientos metros del lugar del lance

Villanueva de Duero Villanueva, la Aldeanueva que nació como Las Covachuelas. Toda una vida ligada a la Cartuja de Aniago, hasta que el centro de oración y trabajo desaparece y dispersa sus bienes. Muchos quedan en la Iglesia de Nuestra Señora de la Visitación. Su nombre invita a entrar y recrearse unos minutos.

Allí mismo parte una senda de paisaje, flora y fauna, la Ruta de la Cerviguera. Un excelente paseo para acompañar al Duero - que acaba de crecer aceptando las aguas del Adaja -. Un paseo que pudo recorrer Delibes gozando de la vida silvestre que entonces, como ahora, surge entre los pinos y encinas, a nuestro paso. Leer cita»

CITA: VILLANUEVA DE DUERO

"(...) llamé a mi hermano Manolo y decidimos llegarnos a Villanueva de Duero (...). A mediodía, aunque el sol picaba con fuerza, las siembras continuaban cubiertas (con una capa de cinco centímetros de espesor) y de las ramas de los pinos, mecidas por el viento, se descolgaban perezosamente pellas de nieve reblandecida.

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La Mudarra La Mudarra nació como un rincón de Galicia: sus primeros colonos eran emigrantes de aquella tierra, que se asentaron en este páramo de los Montes Torozos, a medio camino entre Medina de Rioseco y Valladolid.

La Mudarra fue siempre lugar de ganaderos y agricultores, hasta que el progreso lo convirtió en término destacado en el mapa eléctrico nacional: tan grande como el pueblo es la subestación eléctrica que abastece de energía a gran parte del noroeste de España. El paisaje, desde las afueras de La Mudarra, lo protagonizan esqueléticas centinelas de las que cuelgan recios cables de alta tensión.

Dentro, las casas más viejas se conservan de sillares sin labrar y a la entrada aún se yergue, muda y tapiada, la vieja estación en la que recalaba el famoso Tren Burra, en su camino entre Medina y la capital, atravesando las navas que, en otoño, se inundaban alrededor de la vía, dejando al tren caminar sobre un espejo de agua. Leer cita»

CITA: LA MUDARRA

Por aquel entonces -los años 30- (...) mi padre, como otros cazadores de su tiempo, para gozar de la caza en solitario, que era la que apetecía, disponía de una acción, que entonces costaba dos reales, en un monte de Torozos, próximo al pueblo de La Mudarra.

Castromonte Al castro romano original no le acompaña ningún monte cercano sino el recuerdo del noble Olmundo, leonés que recaló en estos lares y erigió su casa sobre las viejas piedras romanas. Piedra sigue siendo el material de las hermosas fachadas que rodean la Plaza, el corazón del pequeño caserío. Allí se asoman, en procesión, todas las imágenes religiosas del pueblo, en la Rogativa a la “Virgen de la Panadera”.

El paisaje varía según mudan cielo y tierra: recios grises, arcillas y rojos tonos de invierno desnudo se alfombran de verdes y amarillos en el crecer de la primavera, que pasan a dorados en el estío y culminan con nuevos ocres y rojizos otoñales.

El resto del año, la vida pasa tranquila, acompañada del bullir de vencejos y gorriones en las calles y de bisbitas, carriceros y cogujadas en los campos que abrazan Castromonte. Leer cita»

CITA: CASTROMONTE

En la moto aprendí lo que es pasar frío. Todo el que haya navegado en moto por la meseta castellana en el mes de enero conoce el frío del motociclista: esa suerte de agarrotamiento en las articulaciones –como si nos hubieran incrustado en ellas millones de cristalitos punzantes-, principalmente en las rodillas y en los dedos, que le dejan a uno inválido durante varias horas. A horcajadas de tan refinado tormento apenas tuve ocasión de visitar algún carrascal como La Espina, en Castromonte, o El Montico, en Puente Duero

Las Rutas de Miguel Delibes

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