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Mi Vida al Aire Libre - Valladolid

Medina de Rioseco - La Mudarra - Villanubla - Zaratán - Valladolid - Simancas - Puente Duero - Viana de Cega - Boecillo - Sardón de Duero - Quintanilla de Onésimo - Esguevillas de Esgueva - Villavaquerín - Renedo

Delibes escribió:

"Francisco de Cossío, hombre de cachimba y tertulia, sostenía que el sol y el aire devoraban la salud del hombre lo mismo que decoloraban las batas de percal de las muchachas. Mi padre, pese a pertenecer a la misma generación, tenía un concepto más moderno sobre el particular: la naturaleza era la vida y era preciso conservarla y disfrutarla. Él salía al campo en todas las estaciones del año."

Mi vida al aire libre (Destino, 1989) es un repaso general a las aficiones deportivas de Miguel Delibes. En él se remonta el escritor a sus primeros años, de la mano de su padre. Se extiende en el tiempo y nos habla de caza, de sus paseos en bicicleta, del tren burra, de la moto que tuvo, de sus baños en el río, de la pesca de cangrejos...

Con esta ruta, el viajero se va a conocer la provincia de punta a cabo a través de las dos zonas que más influyeron en Delibes: la que va desde Valladolid hasta Medina de Rioseco y la que agrupa los valles del Duero, Jaramiel y Esgueva desde la capital hasta Peñafiel. Aunque se hable mucho de caza, ésta es la más variada de las seis Rutas de Delibes.

Medina de Rioseco Medina es ciudad por ser medina mozárabe y porque Felipe IV le otorga este título en 1632. Antes había acogido pobladores desde la Edad del Hierro y fue lugar deseado a lo largo de los vaivenes fronterizos entre musulmanes, leoneses y castellanos.

Desde muy joven recibe privilegios para desarrollar mercados y gran actividad comercial y tiene su propio Siglo de Oro cuando la ciudad se convierte en el mercado mundial de la plata española que llega de las colonias de ultramar.

De entonces son los soberbios palacios, fachadas e iglesias que invitan a recorrer sus calles porticadas, recordando que ésta es la Ciudad de los Almirantes, y aunque el río se llame Sequillo, vivió en él un legendario cocodrilo africano y aquí desemboca el Canal de Castilla, donde hoy se disfrutan agradables paseos en barco. Leer cita»

CITA: MEDINA DE RIOSECO

"Por aquel tiempo, el tren burra (un trenecito como de juguete, que hacía el servicio con Medina de Rioseco y en cuya locomotora se acomodaba un hombre con una corneta y una bandera roja para advertir al vecindario del peligro), discurría a lo largo de dos o tres kilómetros, por las calles de la ciudad, con lo que el hombrecillo del cornetín arriesgaba cada día los pulmones en el recorrido urbano."

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La Mudarra nació como un rincón de Galicia: sus primeros colonos eran emigrantes de aquella tierra, que se asentaron en este páramo de los Montes Torozos, a medio camino entre Medina de Rioseco y Valladolid.

La Mudarra fue siempre lugar de ganaderos y agricultores, hasta que el progreso lo convirtió en término destacado en el mapa eléctrico nacional: tan grande como el pueblo es la subestación eléctrica que abastece de energía a gran parte del noroeste de España. El paisaje, desde las afueras de La Mudarra, lo protagonizan esqueléticas centinelas de las que cuelgan recios cables de alta tensión.

Dentro, las casas más viejas se conservan de sillares sin labrar y a la entrada aún se yergue, muda y tapiada, la vieja estación en la que recalaba el famoso Tren Burra, en su camino entre Medina y la capital, atravesando las navas que, en otoño, se inundaban alrededor de la vía, dejando al tren caminar sobre un espejo de agua. Leer cita»

CITA: LA MUDARRA

"En efecto, si echo la vista atrás y mi mirada se pierde en el tiempo, me veo, junto a mi padre, en el viejo Cafetín , la erguida silueta de mi hermano Adolfo, hecho un hombrecito, al volante, camino de La Mudarra."

Villanubla La leyenda cuenta que Juan II, padre de Enrique IV y de Isabel de Castilla se perdió en aquellos parajes debido a la espesa niebla. Llegó al Convento de los Ángeles, cercano a una pequeña “villa cubierta de niebla”, Villanubla.

Paradójicamente, aquí se encuentra el Aeropuerto de Valladolid. La ciudad queda a pocos kilómetros, y desde Villanubla se hizo constante “bajar el pan a Valladolid”. Pan tierno, blanco, aromático. Pan y piedra, porque los maestros canteros de piedra caliza de Villanubla también adquirieron prestigio levantando casas solariegas.

A un paso de la ciudad, una caminata por las vías del Tren Burra o siguiendo la senda del arroyo Hontanija cobran más encanto si la niebla desdibuja el horizonte. Leer cita»

CITA: VILLANUBLA

"Yo creo que las primeras motocicletas españolas que se fabricaron en serie datan de finales de los cuarenta (...) Fue una inspiración repentina que me asaltó bajando un día en bicicleta la pendiente de Villanubla: "Una bici que rodara siempre cuesta abajo sería una maravilla."

Zaratán sabe acoger al visitante: lleva una década, hospitalario, abrigando nuevas familias. Con ellas han crecido los parques y las excepcionales zonas deportivas, a las que se llega en un suspiro desde la ciudad.

Zaratán es, hoy, lugar comercial y residencial, pero conserva sus tradiciones: el primer día de mayo en el campo, la custodia del Corpus procesionando con los estandartes durante el día y escuchando los brindis nocturnos de la juventud o la hoguera a San Pedro Apóstol.

Zaratán fue parada del Tren de la Burra, con parte de su trazado convertido en vía verde. Un paisaje que se puede caminar o, desde la villa, contemplar asomados al soportal de la iglesia. Leer cita»

CITA: ZARATÁN

"Mi padre (¿) salía al campo en todas las estaciones del año. Y pese a ser muy sensible a las corrientes de aire (se enfriaba con un soplo) y a tener un oído delicado para cualquier clase de ruidos, lo hacía ligero de ropa y en primavera encontraba un atractivo incomprensible en el monótono y penetrante canto de los grillos. Todavía lo recuerdo en los ribazos de Zaratán (¿) agachado en los trigales, reclamando a la codorniz o sacando grillos de las huras cosquilleándoles con una paja."

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Valladolid es llana, una bendición para el paseante que descubre rincones a pie de calle, portales, arcos, columnas, patios.

Pero también debe atender a las alturas, alzando la vista hacia las torres de la Antigua o Santiago, las fachadas de San Pablo o de la Universidad; llevando la mirada hacia los frentes y balconadas soberbios que el siglo XIX levantó en la calle Santiago, el paseo de Recoletos, Claudio Moyano, Teresa Gil…

Bajo techo hay que levantar los ojos hacia las arcadas del Pasaje Gutiérrez, el interior de los Agustinos y los innumerables retablos de cada iglesia. Ha de correr el tiempo del viajero en los Museos Herreriano y el de Valladolid y sorprenderse en el vestíbulo de tres alturas del Museo de la Ciencia, donde verá girar la Tierra.

Y, en estas 3 dimensiones de Valladolid, los ojos se alzarán, desde cualquier lugar, hacia la cúspide de la Catedral, donde el Sagrado Corazón está “aquí cerquita. Casi al alcance de la mano”. Leer cita»

CITA: VALLADOLID

"(...) el hombrecillo del cornetín arriesgaba cada día los pulmones en el recorrido urbano: Puente Mayor, las Moreras, Paseo de Zorrilla y calle de Gabilondo."

Simancas recibe al viajero a través de un hermoso puente medieval, hijo del romano que cruzaba sobre el Pisoraca, el viejo Pisuerga del que tomó sus aguas la III Legión.

Allí habitaron los musulmanes hasta que Ramiro I venció a Abderramán II en las llanuras simanquinas. Su viejo fuerte sirvió de cimiento al castillo de los Almirantes de Castilla, los Enríquez, entregado más tarde a la Reina Isabel. Quedaron también en el escudo las siete manos de doncellas del lugar, como recuerdo de la leyenda de las valientes jóvenes que prefirieron mutilarse a ser presas del emir cordobés.

El castillo se convirtió en Archivo Real por voluntad de Felipe II mientras la historia discurría entre sus muros: irlandeses en busca de ayuda española para echar al inglés de la isla, franceses de camino hacia su frontera, vencidos por las tropas que reunió Wellington...

Hoy Simancas pide tiempo para callejear por sus recodos empinados y sus calles estrechas y acogedoras; para una visita “intramuros” del Castillo y para bajar a la ribera del río y contemplar desde allí los campos que tanta historia pueden contar. Leer cita»

CITA: SIMANCAS

"Francisco de Cossío, hombre de cachimba y tertulia, sostenía que el sol y el aire devoraban la salud del hombre lo mismo que decoloraban las batas de percal de las muchachas. Mi padre, pese a pertenecer a la misma generación tenía un concepto más moderno sobre el particular (...) Todavía le recuerdo (...) en las onduladas siembras de Simancas (...)"

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Puente Duero Hoy barrio de la capital, hasta 1960 fue municipio con alcaldía. Su esplendor siempre ha estado ligado al puente que vuela sobre el Duero, alto, imponente y, sin embargo, angosto, con apartaderos en su recorrido y con pendiente a ambos lados, que culmina en el centro. El viejo puente medieval cayó bajo la pólvora francesa y el sustituto, el actual, soportó tráfico de vehículos hasta el atragantamiento, que se resolvió con la moderna circunvalación. Así, puente y caserío son hoy plácidos y ordenados lugares en los que pasear, pausados, sobre el ancho margen del río camino del cercano Pinar de Antequera, hábitat invernal de los motorizados “pingüinos”. Leer cita»

CITA: PUENTE DUERO

"Antes de disponer del Volkswagen, cada año hacíamos dos excursiones inevitables, una a Montico, de los hermanos Monturus, en Puente Duero, a unos kilómetros de Valladolid (...) En el Montico, se me dio la oportunidad de ensayar por primera vez el tiro a tenazón (...)"

A Viana de Cega se viene a vivir o a disfrutar del pinar y el río. El Cega se abre junto a Viana en un cauce ancho, cruzado por un puente de madera nuevo, pero hermoso.

Viana es hoy lugar de casas modernas, pero con la mirada hacia el pinar, hacia la senda usada por caminantes y ciclistas que quieren respirar la esencia a resina, escuchar el cuco, el mirlo o el pinzón, sentir la brisa mecer las ramas de fresnos, chopos y chaparras…

Viana es lugar para una jornada de campo, un alivio a las prisas, un instante entre árboles acunados por el susurro del Cega... Leer cita»

CITA: VIANA DE CEGA

"(...) la primera preocupación de los hermanos  cada vez que cambiábamos de lugar de veraneo era buscar un río y el acceso adecuado para zambullirnos. (...) Así recuerdo con cariño, como habituales lugares de baño, la Cascajera de la Tía Pedorra, en Boecillo; la confluencia del Duero y del Cega, en Viana"

Boecillo A Boecillo se viene, hoy, por su modernidad, con el complejo empresarial donde la tierra se confunde con el mundo virtual y el espacio. Se viene a sentir el cosquilleo del juego en el Casino, edificio nobiliario donde la arquitectura se adorna con jardines multicolores.

A Boecillo se acercan quienes disfrutan a lomos de la motocicleta, serpenteando desde la capital entre carreteras flanqueadas por pinares. Y, si gustan del pedaleo, como el maestro, aún Boecillo les reta con unos repechos dignos de poner a prueba al ciclista. Leer cita»

CITA: BOECILLO

"En aquellos años, entre los doce y los catorce míos, pasamos tres veranos en el pueblecito de Boecillo. (¿) Yo siempre he pensado que subir cuestas en bicicleta es una de las mayores maldiciones que puede soportar un hombre, escalador o no. Pero ante el repecho de Boecillo, con su pronunciado recodo y su empinamiento súbito en el último tramo, yo no me amilanaba, dejaba pasar a mis amigos primero y, luego, les rebasaba como si nada, pedaleando a un ritmo loco, a toda velocidad"

Sardón de Duero Sardón vive el Duero. Aún hay vestigios del encanto del viejo Molino Harinero de Santa Eugenia entre sus piedras abandonadas. Por Sardón pasa el Camino GR 14, acompañando al río, donde también se puede seguir el curso del Canal del Duero, obra con más de 100 años.

En Sardón no pueden abandonarse los prismáticos: el Duero regala momentos con una bandada de abejarucos, un chochín defendiendo su nido en el matorral de la ribera y unos chopos junto al río, envueltos en un manto de hiedra siempre verde. Sardón pide hablar con el Duero… y escucharlo. Leer cita»

CITA: SARDÓN DE DUERO

"A Sardón nos desplazábamos en un tren mixto, el perro oculto bajo el asiento (...) La finca de Sardón en los años cuarenta-cincuenta era una perita en dulce. Laderas brigadas, con mogotes y pedrizas en la base y profundas escorrentías donde la patirroja obligada aguardaba incautamente a las escopetas."

Quintanilla de Onésimo Quintanilla son dos Quintanillas: la de la vieja estación abandonada, a la que llegaban las cuadrillas de caza (en ella recala Lorenzo, el “otro” Delibes); estación que conserva el marco del viejo reloj, el andén y el edificio habitado hoy por palomas bulliciosas, el descargadero de mercancías, unos metros más allá del cambio de agujas...

Y Quintanilla es, también, la Quintanilla del río Duero, la del azud donde pescadores del lugar pasan sus horas viendo nadar a los patos y sumergirse al martín pescador; la de la pequeña compuerta que hace nacer el Canal del Duero; la del camino verde y sombreado bajo el dosel de chopos y sauces que el Duero da de beber... Leer cita»

CITA: QUINTANILLA DE ONÉSIMO

"(¿) habituales lugares de baño (¿) el cadozo que seguía al puente de Olivares, en Quintanilla de Abajo. Como ya anticipé, durante mis primeros años hasta que alcancé la independencia, mis baños estuvieron cronometrados por mi padre: un solo baño diario de diez minutos de duración"

MD  MividaAireLibre10MD  MividaAireLibre12Iglesia de San Millán - Quintanilla de Onésimo

Esguevillas de Esgueva Esguevillas vive alejado de su río mentor, el Esgueva. Lugar pequeño, que apenas respira el esplendor de su época pujante, cuando mercaderes, ganaderos y viajeros cruzaban el Valle del Esgueva.

Esguevillas se ha dedicado al campo y así ha conservado paisaje y naturaleza que hoy se pueden disfrutar en una excursión a pie o en bicicleta, recorriendo el valle y admirando los colores que la tierra ofrece en cualquier época del año. Leer cita»

CITA: ESGUEVILLAS DE ESGUEVA

"La pesca del cangrejo era un recurso que mi padre aprovechaba para sacarnos a tomar el aire en primavera. Mientras permanecíamos en Valladolid, solíamos ir a la Esgueva, bien a Renedo o, valle arriba, hasta Esguevillas o cualquier otro pueblo intermedio"

Villavaquerín Hasta el siglo XVI, La Sinova era caserío vecino a Villavaquerín, el viejo “Uilla Uakrin”, regadas sus lomas suaves por un hermano menor del Esgueva, el arroyo Jaramiel. La Sinova se despobló en favor de Castrillo Tejeriego y Villavaquerín, donde siguió la vida tradicional: agricultura y una pequeña cabaña ganadera. Cada mes de mayo, San Isidro sale con los vecinos en procesión y comida en hermandad; en otoño, es San Casiano quien cobra vida, interpretado en carne y hueso por un vecino. Así se marcan páginas del calendario del valle, el calendario de la tierra y el clima. Este es el día a día de Villavaquerín y de La Sinova -hoy una moderna finca agropecuaria-.

El paisaje varía según mudan cielo y tierra: recios grises, arcillas y rojos tonos de invierno desnudo se alfombran de verdes y amarillos en el crecer de la primavera, que pasan a dorados en el estío y culminan con nuevos ocres y rojizos otoñales.

Conviene un paseo, a la usanza del escritor, por los campos del valle. Al regreso, en la coqueta plaza del Ayuntamiento destaca su reloj. Al fondo, la silueta de la Iglesia de Santa Cecilia ocupa el lugar alto donde hubo una vez un importante castillo. Huele a leña, a silencio. Leer cita»

CITA: VILLAVAQUERÍN

"Creo que el Boby, con todos sus defectos, fue el mejor perro que tuvo mi padre, el de más bella lámina y el más cazador, Yo le rememoro especialmente durante las temporadas de codorniz, en la vega de la Sinoba o en los páramos de Quintanilla."

MDL DiarioCazador9El Valle de los Seis Sentidos - RenedoMD  MividaAireLibre15

Renedo El “lugar de las ranas” se extendía en aguazales y lagunajos que el Esgueva se encargaba de rellenar con sus crecidas. El valle fértil acogió pobladores desde la Edad del Hierro. La historia siempre se ha detenido en Renedo para disfrutar de sus campos y su río: villas romanas, caserío visigodo y medieval, probable punta de lanza andalusí, nueva colonia fronteriza cristiana... Y siempre con las labores del vino y la molienda de la harina dando quehacer a sus pobladores. En tiempos más cercanos, los Power dirigieron fábricas de harina y yute y levantaron una impresionante mansión con un exuberante jardín. Los restos de aquella riqueza albergan hoy el Valle de los 6 Sentidos y la orilla del Esgueva se allana en la Senda Verde. Imaginación y vida natural para recrearse en Renedo. Leer cita»

CITA: RENEDO

"Mientras permanecíamos en Valladolid solíamos ir a la Esgueva, bien a Renedo (¿) La Esgueva fue un río pródigo en cangrejo de pata blanca (¿) Lo malo de la Esgueva, como de casi todos los ríos y arroyos de la llanura, era que sus aguas bajaban turbias a causa de la erosión y entre esto y que la pesca del cangrejo era crepuscular tirando a nocturna, no se veía lo que se pescaba hasta que el retel afloraba y uno le alumbraba con la linterna."

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