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Un Paseo por la Merindad de Valdivielso - Burgos

Comarca: Las Merindades

Valdenoceda - Quintanilla de Valdivielso - El Almiñé - Puente Arenas - Quecedo - Arroyo - Valhermosa - Hoz de Valdivielso - Tartalés de los Montes - Panizares

Pocos espacios geográficos burgaleses aparecen tan bien definidos como el territorio que ocupa la Merindad de Valdivielso. Limitado al norte por los farallones de la Sierra de La Tesla, su flanco meridional lo cierran las últimas estribaciones de las parameras calcáreas de La Lora.

El perfecto valle formado por estas dos estructuras geológicas, cubiertas en su mayor parte por espesas y variadas masas forestales, es recorrido longitudinalmente por el río Ebro.

Si el paisaje resulta brillante y espectacular no lo es menos el contenido histórico, artístico y cultural que atesora en su interior la 'perla' de Las Merindades.

Al llegar desde Burgos es imprescindible detenerse en algún punto del Puerto de La Mazorra para poder contemplar, y sobre todo disfrutar, uno de los panoramas naturales más bellos de España. Con esta visión pocos viajeros podrán resistir la tentación de continuar la gira por Valdivielso.

Pronto se divisan las primeras edificaciones de Valdenoceda. Entre todas ellas destaca el conjunto formado por la Torre gótica de los Velasco y la Iglesia románica de San Miguel. En esta última, construida en el tercer cuarto del siglo XII a semejanza de la de San Pedro de Tejada, se conservan una cúpula sobre trompas y una torre cuadrada. Los motivos escultóricos de las ménsulas y de los canecillos del tejaroz responden a los mismos motivos de Tejada.

A pocos kilómetros de Valdenoceda, con dirección a Logroño, hay que tomar la primera desviación a mano derecha que conduce a Quintana de Valdivielso.

A lo largo de su calle principal van apareciendo los distintos elementos de su rico patrimonio: el Decimonónico Colegio de Huérfanos, la Casa de los Huidobros, el renacentista palacio fortificado que perteneció a la noble familia San Martín, y, ya fuera del pueblo, la Torre de Loja, almenado castillo levantado con buenos sillares entre finales del siglo XV y comienzos del XVI.

Muy cerca de Quintana, el pueblo de El Almiñé recibe al viajero con la elegante torre cuadrada de su Iglesia parroquial. De estilo románico, aparece formada por dos cuerpos; el superior presenta cuatro ventanas en cada uno de sus lados. En el interior del templo se pueden observar una curiosa cúpula sobre el crucero y una no menos interesante pila bautismal.

Dentro de este pequeño pueblo situado al pie de la calzada medieval que desciende desde el puerto de La Mazorra se conservan varias casonas señoriales que responden al tipo común de la casona norteña de Las Merindades: edificio aislado, de planta rectangular con cubierta a cuatro aguas y levantado con buenos sillares de piedra.

La mayor parte están adornadas con escudos nobiliarios y recercas y molduras en puertas y ventanas. En algunas de estas casas todavía viven los descendientes de los hidalgos que las construyeron en los siglos XVI, XVII y XVIII.

Hay que efectuar un pequeño desvío y después de cruzar el Ebro por el más antiguo puente de toda la zona, la carretera llega a Puente Arenas. Una pista de cemento que parte desde el centro del citado pueblo conduce hacia una de las iglesias románicas mejor conservadas y más interesantes de todo el arte románico español.

Del primitivo Monasterio, fundado en el año 850, sólo ha llegado hasta nuestros días su iglesia, Iglesia de San Pedro de Tejada, edificada en el más puro estilo románico durante el segundo tercio del siglo XII.

Su estructura armónica y sólida responde a las características típicas del románico de Burgos: una sola nave, ábside semicircular y torre sobre la cúpula. Tanto en su portada como en sus numerosas ventanas, capiteles y canecillos se concentra una abundante y representativa escultura.

Destacan por su sencillez y elegancia los relieves de la Ascensión y de la Última Cena. También los canecillos que sustentan las cornisas del ábside y las fachadas poseen un variado repertorio iconográfico, en el que sobresalen los temas lúdicos y eróticos.

La tranquila carretera, siempre paralela al río Ebro, se dirige sin prisas y con una invitación continua a disfrutar del cambio de paisajes, al encuentro de Quecedo, la capital de la Merindad de Valdivielso. Los regidores del valle, siguiendo un ancestral rito, celebraban todos sus concejos debajo de una centenaria encina sagrada.

Como en la mayoría de los pueblos de la comarca un castillo o torre defensiva preside la silueta del caserío. En el caso de Quecedo es la Casa fuerte almenada de los Huidobro-Incinillas. La Iglesia de Santa Eulalia y varias casonas y palacios completan la visita de este pueblo.

En sus inmediaciones se localizan el enclave de Los Cárcabos y las Cuevas de los Moros, uno de los más importantes Conjuntos eremíticos del Alto Ebro burgalés.

El itinerario prosigue visitando varios pueblos que presentan el denominador común de estar emplazados a los pies de la majestuosa Sierra de La Tesla y a la orilla de alguno de los arroyos que descienden de la misma.

Arroyo de Valdivielso y su iglesia gótica; Valhermosa con su correspondiente Torre de los Saravia; y Hoz de Valdivielso que además de conservar un palacio de estilo herreriano es la puerta obligada para llegar, a través de una espectacular garganta, a Tártales de los Montes.

Por oriente, el último pueblo es Panizares que distribuye su peculiar arquitectura popular bajo unas singulares formaciones geológicas con forma de cuchillos.

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